A veces los recuerdos son los más traicioneros y cuando llegan de imprevisto una noche de madrugada te atormentan entre susurros. Pinchazos por debajo de las costillas, el aire viciado y la sangre golpeando la cara. Intento resetear la memoria pero cada vez que lo intento los susurros se vuelven gritos, fotografías, conversaciones, mensajes y promesas.
Finalmente se acaban callando, es la calma después de la tormenta, vendrán otra vez, muy pronto, lo sé, estoy casi seguro.

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