- Digamos que a lo único que le tengo miedo es a la soledad casi por encima de cualquier cosa incluso la muerte o la enfermedad.
- ¿A la soledad?
- Sí, la soledad, es tan simple y pasa desapercibida que a menudo la confundimos con enfados o tristeza, pero es mucho más. Es básicamente estar solo.
- ...
- Contado tan a la ligera suena tonto ¿verdad? Déjame explicártelo mejor, imagínate una de esas tristes y aburridas tardes de domingo. Casualmente las tardes de domingo solemos soñar más que otros días, nos imaginamos que somos diferentes, que estamos en lugares lejanos o nos prometemos cosas que desparecen los lunes por la mañana, todo esto ocurre naturalmente dentro de nuestra mente y por vergüenza o miedo no se lo confesamos a los demás y tras esto amanecemos en otra semana.
Bien, la soledad es el estado permanente en una tarde de domingo pero a diferencia de estas, no hay nada al día siguiente que nos quite esa sensación.
- ¿Y por eso hay gente solitaria?
- No, los que presumen de que son solitarios y que no necesitan a nadie son unos gilipollas. No creo que a nadie le guste sentirse desprotegido o peor aún incomprendido.
Los que de verdad sufren de soledad se camuflan intentando encontrar a alguien que los rescate de ese estado y es tal su sensación de derrota que tienen que lo intentan ocultar lo más dentro de su ser.
- ¿Qué pasa cuando lo ocultan mucho tiempo?
- Daños tan catastróficos que resulta imposible salvarlos de la soledad.

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