lunes, 21 de noviembre de 2011

Él nunca lo supo.

Ella era todo lo que él deseaba en una mujer, le gustaba dormirse tarde y levantarse pronto, el café ardiendo, las fiestas que acaban en la cama, la literatura inglesa, los viernes de cócteles y piernas interminables, el ruido del agua, Vogue, reírse estrepitosamente... Follaba como nadie, se mordía los labios y los sentimientos, era segura de sí misma, autoritaria, sensual, elocuente, fluida y lógica pero también calculadora, fría, egoísta y prepotente.

No nos engañemos, ella era perfecta para él, pero como suele ocurrir en la mayoría de todas las cosas, en la perfección acaban apareciendo desperfectos, que, aunque pequeños, la destrozan sin piedad.

Sin saber cómo, acabaron en una espiral de autodestrucción, engaños, heridas y daños. ¿La típica historia de una pareja de atormentados? No, o puede que sí, quien sabe...Años más tarde se volverían a reencontrar los mismo sentimientos (mutuos creo) y los defectos (agonizantes, por supuesto) hablando de lo que podrían haber sido.

Hay veces que irremediablemente la vida separa a dos personas para saber cuanto son la una para la otra, él la seguía amando por sus gustos, cualidades y muy a su pesar sus defectos. ¿Ella? Bueno digamos que nunca lo supo...o no lo quiso saber.


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