La peor de las sensaciones es la decepción, uno puede estar furioso, enfadado o resignado pero al fin y al cabo son sentimientos intensos y pasajeros.
La decepción no, imaginaos un edificio que se derrumba por un terremoto, lo primero que se hace es reconstruirlo y tras acabarlo nos damos cuenta de que no está como antes, da igual que sean 2 centímetros más alto o un poco más ancho el caso es que no es idéntico al anteriormente destruido, pasa igual que la decepción, nos venimos abajo y por mucho que queramos reconstruirla no quedará exactamente igual.
Puede adoptar muchas formas, decepción por las amistades, por los amores y la última y a mi parecer la más terrible, la decepción a uno mismo. Cuando se decepciona a uno mismo queda una grieta en nuestra mente que se abre en los momentos más inoportunos y tiene una fuerza devastadora elevada.
Tras ir acumulando decepciones y decepciones levantarse por las mañanas es tortuoso los fallos significativos y los deseos etéreos. Nunca desees la decepción ni al peor de tus enemigos, no es más que un cuchillo afilado que se clava profundamente en nuestra espalda, que te hace inferior, inseguro e indefenso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario