lunes, 12 de diciembre de 2011

Literatura

Lo que cuesta entender es mi obsesión por las palabras, me excitaba oírla, verla escribir, como pasaba sus manos por las tapas de los libros rozando la superficie. Todavía recuerdo la forma en que se mordía los labios mientras leía Kafka o la posición de sus piernas cuando estaba a punto de terminar un libro.

Me fallan sus acentos y me pongo bruto cuando tornaba los ojos intentando memorizar una frase, tengo su dirección de blog escrita en un trozo de la pared que leo cuando me he rendido de esperar o  la sangre me hierve.

Si Eros hubiese tenido una hija sin duda sería ella, recitaba a Poe y hubiese jurado que es un autor erótico por culpa de sus frases destructoras en esa voz rasgada.

Creaba adicción sólo con palabras (ni os imagináis con actos) rasgaba las páginas de los libros en la que tantos autores plasmaban sus ideas con tal lujuria que las dejaba en un conjunto de símbolos sin sentido.

Me dejaba atontado y extrañado como a un niño pequeño.


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