Personalmente creo que adquirimos la experiencia con los daños que, a lo largo de los años acumulamos y se guardan como cortes en nuestros brazos. Destruyen nuestra inocencia a golpe de martillo pero gracias con ellas contruimos fortalezas que nos ayudan en los momentos más adversos y nos obligan a ponernos en pie a toda costa cuando la vida se ceba a hostias con nosotros.

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